• 502-22085300
  • verbozona16@hotmail.com

Artículo

Mensajeros

Por: Pablo Marroquín

El 3 de octubre de 1918, en plena segunda guerra mundial, más de quinientos soldados aliados (franceses, ingleses y estadounidenses) comandados por el mayor Charles Whittlesey que se encontraban en Francia, cayeron atrapados en una depresión al lado de una colina, detrás de la ubicación de las líneas enemigas, que en este caso eran las tropas alemanas. Sin comida ni municiones no podrían soportar mucho tiempo. Para complicar más las cosas, comenzaron a recibir fuego de las tropas aliadas, ya que no conocían su posición.

Muchos de los soldados atrapados fueron abatidos por los alemanes, quienes los rodearon y por el mismo fuego aliado. Al segundo día solo quedaban vivos 190 hombres, por lo que el mayor Whittlesey envío mensajes por medio de palomas mensajeras. En su poder, el mayor tenía 3 palomas. Las primeras dos palomas fueron abatidas en su intento de salir volando del lugar. Solamente quedaba una paloma, la última, llamada Cher Ami, quien fue enviada en el último intento por salvar a los soldados atrapados. En su pata izquierda llevaba un mensaje que indicaba la localización del batallón atrapado y pedía el cese al fuego de los aliados. Cher Ami alzó vuelo, avanzó más que sus predecesoras, pero también fue derribada. Increíblemente logró arreglárselas para levantarse y reemprender el vuelo. Atravesó 32 kilómetros hasta llegar a la división en la cual le recibieron el mensaje. El fuego cesó y el batallón atrapado fue finalmente liberado. Cher Ami cumplió esta misión con un disparo en el pecho, una pata colgando solamente de un tendón y un ojo cegado por las heridas recibidas.

Los médicos lograron salvar la vida de Cher Ami, a costa de haber perdido una pata y la vista en un ojo. A su regreso a Estados Unidos fue galardonada con premios al valor, ya que su acción permitió que 194 soldados sobrevivieran.

Esta historia nos recuerda como día a día muchas personas quedan atrapadas en el pecado, en la soledad, depresión, frustración, muriendo poco a poco lejos de Dios. Solos, sin opción de salvarse, a punto de perderse para siempre, y su única esperanza es que alguien tome el valor de llevar ese mensaje capaz de salvarlos, ese mensaje de vida, así como Cher Ami dio todo lo que tenía con tal de cumplir su misión. Tú y yo somos esos elegidos para llevar el mensaje que puede salvar vidas, tú y yo hemos conocido del amor de ese Dios perdonador de pecados que envió a su hijo a morir en la cruz para redimirnos y darnos vida eterna.

Muchas vidas dependen de que tú y yo alcemos vuelo y en medio de las dificultades, peligros, golpes, llevemos ese mensaje de esperanza en Jesús. Esforcémonos en cada momento por compartir a los demás del amor de Dios, de su perdón. Esta tierra clama porque los hijos de Dios se levanten y proclamen las buenas nuevas.

Esto no requiere necesariamente que hoy tomemos nuestras cosas y viajemos a África a predicar, sino que comienza con compartirles a nuestros amigos y familiares cercanos, a esos compañeros de trabajo que están perdidos en el pecado, a esas personas que se topan con nosotros no dejemos que se alejen sin que lleven en su corazón una palabra de amor que comenzará a transformar sus vidas.

No temas, el Señor te ayudará y te dará las mejores estrategias para compartir de Él.

¡Dispongámonos hoy a ser mensajeros de Dios!