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No Estamos Solos

por Ariel Segura

¿Cómo aprendimos a caminar? ¿Cómo aprendimos a manejar? ¿Cómo aprendimos a manejar bicicleta?Resultado de imagen para support hands

Un factor común en la respuesta es: Alguien nos enseñó.

Habrán personas que digan: “A mí nadie me enseñó” o “Yo soy autodidacta”. Pero fuera de esto, los procesos de la vida han sido potencializados por aquellos que han estado a nuestro lado. Aquellos que nos han dado de su tiempo y sus conocimientos para aportar a nuestra vida, sembrar y ver resultados a favor de los que estamos siendo enseñados.

Si tantas cosas nos son enseñadas para nuestro diario vivir… ¿Cómo dejamos a un lado el apoyo personal en la vida cristiana?

Hay personas que en nuestro caminar en Jesús son claves. Aquellos pastores, maestros y guías que no solo nos enseñan, sino que también nos aconsejan y reprenden. Ellos nos van dirigiendo en el camino que es Jesús. Gracias a Dios por ellos y por el amor que siembran y nos muestran.

Desde el principio de la historia Dios nos diseñó para ir acompañados:  “Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.” (Génesis 2:18). Ciertamente este verso habla de esa ayuda idónea que versículos más tarde es constituida como la mujer, la esposa. Pero en retrospectiva nos vamos a la necesidad inherente del ser humano por estar acompañado tanto para disfrutar de las bendiciones de Dios como para ayudar y ser ayudado.

Salomón en Eclesiastés menciona:

“Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero !!ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto. Mejor es el muchacho pobre y sabio, que el rey viejo y necio que no admite consejos;”  (Eclesiastés 4:9-13).

Resultado de imagen para support handsNecesitamos ayuda en los momentos en que caemos. ¡Y en la vida cristiana es casi seguro que caeremos muchas veces! Entonces, es ahí donde entran aquellos que nos acompañan, que nos abren los ojos sobre aquello que causó nuestro tropiezo. Que nos dan ese calor del consuelo cuando no lo hallamos ante las circunstancias adversas de lo cotidiano. Aquellos que limpian nuestras heridas de guerra y nos cuidan en el proceso de recuperación, aun cuando en el proceso echen alcohol en la herida provocándonos un dolor necesario, pero altamente valorable como dice Proverbios: Fieles son las heridas del que ama; Pero importunos los besos del que aborrece.” (Proverbios 27:6). Son esas personas las que nos recuerdan que hay una esperanza: JESÚS.

Jesús: Nuestra esperanza, nuestra fortaleza, nuestro escudo y nuestra guía. Imposible no mencionarlo aquí. Ya que Él mismo prometió estar con nosotros siempre (Mateo 28:20). Pero cuando sentimos que está distante (sentimos, porque no lo está) son aquellos que nos cuidan los que nos recuerdan que Jesús siempre está allí para nosotros.

Si te sientes solo, no te sientas más así. Busca a alguien que te ayude, que te cubra, que te anime. Este es tu tiempo. No estás solo. Está Jesús y todos aquellos que formamos su Cuerpo para servirte, ayudarte y declararte la más grande de todas las verdades: DIOS TE AMA.